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Poco a poco, como una marea que sube y sube, crece en nosotros la convicción de que tan importante es lo que Bubisher hace en los campamentos de refugiados del Sáhara como lo que hacemos en colegios, institutos, bibliotecas y centros culturales: enseñar solidaridad. Si Bubisher se financiara con fondos estatales (nunca hemos optado a ellos), posiblemente iríamos más rápido, pero no más hondo. Solidaridad no es una asignatura, algo paradójico cuando el futuro de la humanidad depende ella. Solidaridad no es dar lo que te sobra para acallar tu conciencia. Solidaridad es Compartir. Solidaridad es también un derecho humano para los que tienen menos. Hacerles sentir a los niños y jóvenes españoles que si todos nosotros tenemos una biblioteca, o más, cerca de nuestra casa o nuestro centro escolar, es justo que todos los de países con pocos recursos las tengan, porque son las puertas hacia el conocimiento, la cultura y los sueños. Si nuestros escolares aprenden esta asignatura, seremos mejores. Por eso, este día del que nadie se acuerda en los titulares de los periódicos de hoy, es nuestro día. Sigamos. Con tu solidaridad.

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