Nos cuentan que de esta crisis profunda que nos ha volteado, y sigue teniéndonos en vilo y disciplinadamente confinados, podemos salir mejores, menos egoístas, más atentos a lo esencial y menos distraídos por lo banal.

Si esta apreciación la trasladamos al ámbito de las decisiones políticas, de las decisiones históricas que el gobierno se ha visto obligado a tomar, me ha dado por pensar que, para España y los españoles, para el gobierno que nos representa y que anda tanteando la posibilidad de un nuevo pacto de Estado, como el que se alumbró con el nombre de “Pactos de la Moncloa”, esta sería una buena ocasión para replantearnos algo que, aunque no tiene que ver con nuestro precioso ombligo de cada día, sí tiene que ver con la salud democrática de nuestro país.  Un “algo” que gravita como un virus de infecciosa vergüenza sobre nuestra conciencia de vieja potencia colonial.

Me refiero, como pueden adivinar, a la descolonización del Sahara Occidental, esa antigua colonia, ese pueblo al que abandonamos precipitadamente en los estertores del dictador en el año 1975 y al que muchas instituciones de ámbito local y regional  siguen mostrando su apoyo, en forma de ayuda humanitaria y solidaridad política.

¿Por qué no nos atrevemos a asumir nuestra responsabilidad como parte del problema y nos abrimos -como sociedad y como Estado-, en el marco de un nuevo paradigma europeo, a buscar una solución equilibrada y duradera que beneficie a la larga, tanto a Marruecos en su camino a la democracia como a los saharauis en su agónica y justa reivindicación de una patria y una tierra en la que ganarse el pan con su sudor?

Si de esta pandemia, como nos cuentan, vamos a salir mejores y más dignos para afrontar el futuro, hagamos valer el papel que la ONU nos sigue atribuyendo como antigua potencia administradora en la inconclusa descolonización del Sahara Occidental, y recuperemos la dignidad, la salud democrática que dejamos contaminada en los campamentos de refugiados en los que confinamos al pueblo saharaui hace cuarenta y cinco años.

Jose Manuel Calzada

 





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