Hace poco, navegando por redes sociales encontré esta foto y recordé uno de los momentos que más marcaron mi vida.

Tenía 18 años y hacía poco que había regresado de España, después de haber estado allí más de 6 años seguidos sin ver a mi familia. Era un día normal en los campamentos, el sol llenaba el cielo y  el calor  era infernal. Yo iba de camino a la jaima mirando por todas partes, recordando los campamentos y tratando de encontrar a antiguos amigos. Inesperadamente sentí un frescor, miré hacia atrás y vi como avanzaba una tormenta grande y marrón . Me asuste y empecé a andar más rápido, pero no fue suficiente. La tormenta era rápida y enseguida me encontré atrapado por ella.

Puse mi turbante y empecé a correr con la cabeza agachada entre las jaima e intentado no chocar con nada. Solo se escuchaba el sonido de las chapas de hierro o las cabras perdidas. De repente, oí risas en medio de ese caos, levanté la cabeza y vi que procedían de la jaima de un vecino. En los campamentos todos somos uno y en cualquier momento puedes entrar a saludar o a tomar té . Entre cubierto de arena, casi irreconocible. Había en la jaima más de 10 personas, niños viendo los dibujos, jóvenes jugando a las cartas y gente mayor hablando. Quite el turbante y dije:

– ¡Qué pasa!, ¿a caso no veis la tormenta que hay afuera?

Me llamó un anciano y me dijo:

– Lo que te  pasa a ti. es que no ves  porque fuera es difícil abrir los ojos y la boca. Saben que hay una tormenta, pero mira a tu alrededor. El suelo es arena, las casas son de arena, el cielo está cubierto de arena. ¿Qué quieres que hagan? ¿A dónde quieres que vayan?

  Despúes de  un brve silencio y prosiguió:

– Nuestra unión, paciencia, sonrisas y valores es lo único que tenemos y es nuestra mejor arma. Un arma que muchos desearían tener. Esta tormenta cambiará rápido, pero lo que no debes permitir que cambie es cómo te ven los niños y jóvenes.

Esas palabras cambiaron muchas cosas en mí o mejor dicho, sacaron lo mejor de mi.

Siempre me piden hablar del Sáhara y de su gente, pero no saben lo complicado que es definir a este pueblo cuyo camino jamás será borrado por muchas tormentas que vengan

Brahim Ahmed





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