En esta guerra hay dos partes:
Una, agredida, el pueblo saharaui.
Otra, agresora, el ejército marroquí y su Monarquía.
Una, exiliada lejos de su tierra, que ha sufrido miseria, hambre, lo inimaginable desde hace cuarenta y cinco años. Y dependiente de la ayuda humanitaria para sobrevivir.
La otra lleva los mismos años ocupando la mayor parte del territorio saharaui, encarcelando, torturando, asesinando a sus propios dueños. Y roba y trafica con los recursos naturales del pueblo agredido.
Una ha respetado escrupulosamente el cese el fuego desde hace veintinueve años.
La otra lo violó desde prácticamente la mismísima fecha de la firma: el 6 de septiembre de 1991, y lo siguió haciendo, una y otra vez.
En aras de la paz y la concordia, una parte hizo todo tipo de concesiones políticas. Mientras que la otra pedía, exigía más. Cada vez más.
Una pedía la vía democrática, aunque el resultado final podía ser doloroso e injusto.
La otra ofrecía migajas de una ficticia autonomía y reprimía cualquier protesta pacífica con porras y con balas, como sucedió hace diez años en el campamento de Gdeim Izik.
Una tiene aliados modestos: países africanos en su mayoría y varias naciones latinoamericanas y tiene amigos de verdad, personas justas y asociaciones modestas.
La otra tiene potencias como Francia, España, Estados Unidos, La OTAN, la Unión Europea. las monarquías del Golfo. Y con el dinero robado compran lobbys y lobistas en todas las esferas, especialmente en la política y los grandes medios de comunicación.
Los poderosos siempre hablan de una solución “mutuamente aceptable” para las dos partes. Eso es, simple y llanamente, una gran falacia.
No hay y no puede haber una solución “mutuamente aceptable”. No es lo mismo el agresor que el agredido.
Por eso decimos claramente que estamos con el pueblo saharaui, porque estamos con la razón y la justicia.

Liman Boisha

Presidente de la Asociación Escritores por el Sahara- Bubisher

 



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