La semilla de una secuoya mide unos pocos milímetros de largo, y solo uno de ancho. De ella nace un árbol que puede alcanzar los 100 metros de alto y los diez de diámetro, y vivir miles de años. Basta con enterrarla en un suelo fértil y regarla para que crezca toda esa vida, casi inabarcable.

Algo así han pensado las bibliotecarias de Smara, que han puesto a un grupo de escolares a sembrar trigo y lentejas en pequeños vasos de plástico, para que comprueben por sí mismos la pujanza de la vida.

Y para enseñarles que los niños, ellos mismos, son ese suelo fértil, y que el riego lo tienen asegurado en la biblioteca, y que depositar en sus corazones un libro es sembrar una semilla que no se sabe qué altura llegará a alcanzar, ni a cuantos otros les dará sombra.

Sembrar, ese es el cometido del Bubisher.





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