Taleb juega con una rueda que simboliza un coche, y con un amigo. No tiene cachivache de videojuegos, ni tableta, ni tele de plasma. Tiene imaginación simbólica, tiene risa, tiene piernas para correr, energía para iluminar un par de jaimas. Taleb y su amigo son dos niños. Y hoy es su día,  un “Día Internacional” más. En el que se hablará de la pobreza, pero se ignorará la riqueza de momentos como este en el que dos niños refugiados baten el record del circuito de la jaima, la riqueza de la imaginación. Siento rabia por la situación del pueblo saharaui, tan olvidado como torturado, siento pena por las necesidades de sus niños, por sus escuelas precarias y por sus cincuenta grados a la sombra, pero siento gozo al contemplar esta foto, al revivir  ese instante, porque me habla del poder infinito de la mente del niño. Desde ella, ningún futuro es imposible. Y luchar por hacerla aún mas fuerte es una de las cosas más bellas que se pueden hacer en esta vida.

Gonzalo Moure





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