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Como muchos sabéis, aunque las ideas ya rondaban nuestra mente un bien tiempo, el Bubisher recibió su empuje definitivo cuando un grupo de 500 chavales de un colegio gallego tuvieron la idea de llevar un bibliobús a los campamentos de refugiados saharauis. Y así fue, hace diez años, cuando por fin desembarcamos en el campamento de Smara. Y al optar por un modelo de “proyecto saharaui con ayuda española”, se acabaron de poner las bases de lo que hoy es el Bubisher. La contratación de bibliotecarias y monitoras saharauis nos fue mostrando el camino, y a la vez nos obligó a buscar dinero para mantener el proyecto en marcha. Socios, por supuesto (“no nos mires, únete”), pero sobre todo busca de otros colegios, institutos y bibliotecas, en los que buscar financiación, sí, pero sobre todo en los que enseñar una asignatura no lectiva, pero fundamental en la formación de las nuevas generaciones: SOLIDARIDAD. Sería interminable dar aquí una lista de los centros escolares que han contribuido, porque son centenares ya. Podríamos poner como ejemplos, sin pensarlo mucho, el colegio público de Nava, el Menéndez Pidal de Coslada, o el Colegio de La Caridad, tanto como la Biblioteca de Azuqueca, la de Mejorada, y tantas otras. En todas sembramos la idea de que juntos podemos cambiar la realidad. De hecho, las cuatro bibliotecas de Tinduf (Smara, Ausserd, Bojador y Dajla) son, en parte, el fruto del esfuerzo de todos esos alumnos y lectores. Son suyas, tanto como nuestras, tanto como del pueblo saharaui.
Por eso, necesitamos seguir encontrando centros que se unan a este sueño, el de completar las cinco bibliotecas (solo nos queda El Aaiun), con una flota de cinco bibliobuses y una veintena de bibliotecarios y monitores saharauis. Un medio que se ha revelado potentísimo es la compra y lectura de ejemplares de El niño de luz de plata, y pronto de un nuevo libro también co-escrito por niños saharauis. Leer para que otros puedan leer. Pero es fundamental la palabra. Que sepan bien lo que están haciendo. Que no sea un juego, sino un compromiso. Y para eso necesitamos maestras y profesoras que sean capaces de sembrar en sus alumnos la idea de la solidaridad. Vamos bien, muy bien, pero a lo largo del curso que viene necesitamos aún a muchos más centros que den el poder de la transformación a sus alumnos.



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