Una inmensa mayoría de la población en España desea que sus hijos conozcan al menos dos idiomas, que los manejen con soltura, que les sirvan para moverse por el mundo. Por eso, son muy valorados los centros bilingües y aquellos que cuentan con profesores nativos o especializados que imparten sesiones de comunicación oral y escrita.

En las escuelas de los campamentos se enseña español, pero las sesiones teóricas tienen que complementarse con otras en las que los niños se vean en la necesidad de expresarse en esta su segunda lengua. Por ello, en todos los campamentos ofertamos a los centros escolares la posibilidad de que los bibliotecarios del Bubisher, a través de cuentos y de actividades tan educativas como lúdicas, despierten en los alumnos el deseo de hablar y de escribir en español. La valoración de esta oferta es irregular, hay centros en los que están encantados con esta posibilidad, hay otros en los que resulta difícil desempeñarla por cuestiones horarias.

Lo cierto es que siempre que se lleva a cabo, el resultado es magnífico. Los alumnos se acercan a los libros, aprenden sin esfuerzo, lo pasan bien y aumentan casi sin darse cuenta su vocabulario. Pero, sobre todo, se hacen conscientes de que las lenguas no son muros que nos separan sino puentes que nos unen. Y los niños saharauis necesitan ese puente para comunicarse por los veranos con sus familias de acogida, para aumentar su bagaje cultural y para poseer un bien inmaterial que poseen más de 400 millones de personas en el mundo (el español es el segundo idioma más hablado del mundo, después del chino. El inglés ocupa el tercer)





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