Este termómetro no miente. Hace unos días. Casi 57 grados. A la sombra. “Y no hay sombra”, decía, con expresión pícara e inconsciente, una niña saharaui.
Unos pocos miles están ya en España. Con mar, con piscina, con ducha. Con cariño. Pero muchos miles más siguen allí, en el infierno en la Tierra, el infierno de la Tierra.
Nadie en el mundo puede vivir en un lugar así. A veces, cuando encontramos piedras en el camino, dudamos de nuestro trabajo. Ante imágenes como esta, no. Las bibliotecas del Bubisher disponen de un modesto aire acondicionado. Qué menos. Queremos que sean lugares alegres, luminosos, llenos de historias y de sueños. Con manos amigas que les lleven de estante en estante, de libro en libro. Leer no hace que el termómetro baje, pero al menos sirve para entender el mundo, por injusto que sea. Una generación Bubisher se entenderá mejor a sí misma, y encontrará la forma de volver a su tierra, a su costa, a sus playas. Y eso sucede cada día, en cada sesión, tras los ojos de cada niño que abre un libro y lee.





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