Dos semanas hace ya desde que volví de los campamentos de refugiados, pero esta experiencia comenzó tres meses atrás. Por aquel entonces, emocionado por lo que estaba por venir, buscaba información y preparaba las clases desde el mismo teclado que escribo ahora. Indagando por internet, investigaba todo lo relacionado con el Sáhara y disfrutaba creando un imaginario propio sobre el pueblo saharaui. Su lucha siempre nos ha sido una causa cercana al pueblo vasco y a la mayoría de los españoles. Muchos de los niños y niñas del Sáhara han pasado el verano en nuestras ciudades gracias al programa de Vacaciones en Paz. Pero esta vez, tocaba hacerlo en sentido inverso y conocer su realidad. Llevaba tiempo pensando en hacer un voluntariado relacionado con el pueblo saharaui pero no sabía realmente por dónde empezar. Encontrarme con el proyecto Bubisher, no solo ha sido una grata e inesperada sorpresa, sino que, además, ha sido una experiencia muy enriquecedora y un impulso a mi trayectoria personal (trabajo en una biblioteca como mediador audiovisual). Hablando con Palma, me comentó la posibilidad de
realizar un taller de fotografía con móviles. Sin saber lo que buscaba, todo encajaba de sobremanera. Algunos lo llaman serendipia (esta palabra me recuerda a mis compañeros y amigos de habitación en protocolo, Sergio y Adrián).


Nunca antes había pisado los campamentos y desconocer la situación real, la biblioteca y la tipología de las clases ha sido una clara ventaja. Me ha ofrecido la libertad y el margen necesario para contextualizar e imaginar las intervenciones a mi manera. Agradezco esta libertad a la organización por la gran satisfacción de poder crear y experimentar con este tipo de encuentros. No voy a negar la intranquilidad y el nerviosismo de los días precedentes, sin embargo, lo que me he encontrado ha superado con creces lo que cabía esperar.


Tal y como planteamos las clases, la metodología dependía mucho de la actitud de los participantes. Gracias al buen trabajo de Brahim, Madja y Kabara todo ha sido mucho  más sencillo. Han conseguido crear el ambiente idóneo que cualquier docente desearía. La atención y la participación de todos los alumnos ha sido muy alta. Para ello, hemos contado con un ordenador y un proyector, recursos suficientes para darle forma a nuestro taller. Desde un primer momento, teníamos claro que el aprendizaje técnico era importante, pero quedaba subordinado sobre nuestra línea de trabajo: la lectura connotativa de las imágenes. Esta ha sido la premisa, aprender a contar historias, ver qué hay detrás de ellas y saber cómo sacar el mayor partido a la instantaneidad que nos proporciona nuestro móvil. Hemos tratado cuatro temas: retrato, abstracción, objeto y paisaje. Después de especificar cómo el uso de la iluminación y la composición repercute en el mensaje de nuestra imagen, hemos entrado en materia. Nuestros alumnos han plasmado y presentado sus fotografías. Gracias a la participación de todos ellos, hemos sacado conclusiones y descubierto pasajes realmente interesantes; la mirada de Tekber, la niña que por vez primera descubre la luz, el arbusto que en época de invasión se transformó en refugio… Grandes historias detrás de cada instantánea. Hemos tratado de describir cada imagen mediante un debate colectivo y llevar a cabo un análisis sintáctico y semántico para dar un paso adelante en nuestros conocimientos. Debatir nuestros pensamientos para conocer el de nuestro compañero en favor de un aprendizaje compartido.

Al final del taller varios alumnos se han acercado a dar las gracias. La realidad es que, en este tipo de experiencias, lo que ellos aprenden de uno no es mucho si comparamos con lo que nosotros aprendemos de ellos. Quiero aprovechar para agradecer el trato exquisito y la atención recibida por parte de las personas que he tenido el placer de conocer. Si tuviera que describir a las y los saharauis, este sería el perfil: cariñosos y profundamente divertidos. Ahora entiendo mejor la conexión entre nuestros pueblos, el humor crea vínculos consistentes y especialmente afectivos. No me cabe duda que pronto estaré de vuelta para tomar el té con Mohamed, Hassana, Souad o Larbi. Me despido, no sin antes animarte, querido o querida lectora, a poner tu granito de arena en el proyecto Bubisher. ¿No sabes cómo? Buscaremos la manera.


P.D.: Recordad, pronto descubriremos los finalistas del Primer Certamen de Fotografía de Bubisher.

Itoitz Guerrero Barbarin
En Donostia, a 15 de abril de 2018

 

 

 

 

 

 





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