Un día, hace ya algunos años, Ricardo Gómez conoció al Cazador de Estrellas en uno de sus viajes a los campamentos y, siguiendo sus huellas, escribió un libro fantástico, dio nombre al proyecto Bubisher , del que fue cofundador, y ha seguido su evolución paso a paso, creando, sintiendo, emocionándose y emocionándonos, como ocurrió en nuestra velada del X aniversario. Allí descubrimos al poeta que el escritor lleva dentro .

AUSSERD

Para Hamida, Algailani, Jatri, Sidahmed, Saad, Gajmula,Hassana, Aziz y Gajmula,
que han dado vida a la Biblioteca Bubisher de Ausserd.

A Juan Manuel Morales, in memoriam

 

En el desierto,
todo el mundo sabe que el agua es tan valiosa como la sangre.
Muy temprano se descubre
que un buche puede salvar una vida,
que una petaca la vida de una familia
y que un pozo la vida de un pueblo.

 

En el desierto,
todo el mundo aprende a sobrevivir entre la arena y el polvo.
Una arena y un polvo
que son hijastros de antiguos mares
en cuyos fondos ramoneaban los ammonites
mucho antes de que pastaran los dromedarios.

 

Como dioses en el desierto,
hombres y mujeres han aprendido a crear con el agua y el polvo.
Con el agua y el polvo, y la sangre y el sudor,
forman un barro del que emergen paralelepípedos de adobe
que contiene escamas de lagartos,
pestañas de cabras viejas
y añoranzas de tierras perdidas.

 

Como arquitectos en el desierto,
los saharauis alzaron en la hammada jaimas de ensueño
que se encrespan en el aire como los espinazos de las dunas,
y abrigos de adobe que cuadriculan el pergamino desecado de la arena,
tiendas y beits en los que se atizan las brasas
sobre las que hierve el té y donde se acoge al visitante.

 

Como juglares en el desierto
los saharauis han alzado su voz por encima del viento
y del silencio culpable del olvido.
A resguardo del sol, colmados cuencos de leche y dátiles
alimentan palabras en las despaciosas horas
desde que alumbra la mañana hasta que devora sus sombras el crepúsculo.

 

Y luego, en el desierto,
esas palabras fluyen entre el polvo y la arena como manantiales:
versos que se recitan por las calles de Agüeinit,
sentencias que se repiten en los mercados de Zug,
poemas que se intercambian en las jaimas de Miyek,
plegarias que se entonan en los beits de Tichla,
cuentos que narran las abuelas de Bir Ganduz,
canciones que se corean en los colegios de La Güera…
Y, en el aire, las palabras que aletean en los libros con que vuela el Bubisher.

 

Porque en el desierto,
todo el mundo sabe que la palabra es tan valiosa como la sangre.
Muy pronto se descubre
que un verso puede justificar una vida,
que un poema la vida de una familia
y que un libro la vida de un pueblo.

 

Ricardo Gómez

Septiembre 2018

 

 

 





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